dejemos el engaño, hablemos de ficción

En el 2017, un mes después del huracán María, estaba caminando por Puerta de Tierra cuando me percaté de que los paneles que bloqueaban la entrada del antiguo teatro “Sylvia Rexach” estaban en el suelo. Decidí entrar antes de que cayera la noche y pasé aproximadamente una hora en el espacio. Aunque mi encuentro con esta estructura ocurrió casi de manera accidentada, reconocí que había entrado a un espacio mítico y que su condición de ruina estaba intacta ante el desastre natural, es decir, que llevaba décadas abandonada y en deterioro. Dos años después, para mi primera exhibición individual en Puerto Rico, la cual se llevó a cabo en Hidrante, desarrollé una pieza en este espacio. Mi intención era presentar algo nuevo y que a su vez contuviera ideas recurrentes en mi trabajo sobre el azar, la relación interespecies y hacer-nada activamente. El proscenio vacío del teatro Sylvia Rexach aparece ambiguamente desprovisto de los elementos que definen un espacio teatral. La platea, también deshabitada, solo contiene luz y escombros. No hay público, ni tampoco espectáculo. Venus y yo nos desplazamos por la zona, cada una procesando la información que percibimos. De manera visual e intuitiva, operamos en dos registros: la memoria y la ficción. Todo lo que ocurre se genera para la cámara. La temporalidad de este sitio es fantasmagórica y genera ese feeling de majestuosidad donde lo improbable puede ocurrir. Después de todo, sigue siendo un aparato para la contemplación radical del tiempo: un teatro. Y este es uno de un sinnúmero de espacios culturales abandonados en Puerto Rico.

Para esta pieza, el diálogo conceptual e intuitivo con la estructura espacial es imprescindible, por lo que dejemos el engaño, hablemos de ficción, tenía unos parámetros específicos:
1) sería un trabajo para vídeo en colaboración con la cámara
2) sería un gesto espacial de corta duración
3) mi movimiento estaría informado por los movimientos de Venus (mi perra— una gran danés sorda)
4) Venus y yo afectaríamos mutuamente nuestra trayectoria por el espacio
5) la luz, el silencio y los cambios sutiles en la temperatura del lugar informarían mis pausas

Información sobre el Teatro Sylvia Rexach

«El Sylvia Rexach» está ubicado en la esquina de la Avenida Ponce de León y la calle Matías Ledesma en Puerta de Tierra. El edificio fue diseñado y construido por el reconocido arquitecto puertorriqueño Pedro de Castro y Besosa para la compañía Warner Martí de Puerto Rico durante la década de 1930. Se llegó a conocer en aquel entonces como el «Teatro Martí» ya que su dueño era el Sr. Rafael G. Martí. Cuando se inauguró en marzo de 1937 estaba equipado con los adelantos más modernos para aquella época: máquinas de proyección Super-Simplex con lámparas Morelle Extra-Superior, más rectificador Deforest para convertir la corriente alterna en directa, lo cual producía una iluminación uniforme y grata a la vista en la pantalla. El sistema de audio utilizaba R.C.A. High Fidelity. Al igual que en otros teatros de la Cadena Martí, para la ventilación además de la natural, se utilizaban dos turbinas «Typhoon» con capacidad para ventilar a una sala con cabida para más de 2,000 personas.

 

Los asientos preferentes con respaldo y brazos, colocados en filas frente al escenario, eran de la mejor clase fabricados por la American Seating Co. En el mismo edificio había, además, otros locales para comercio con vitrinas de exhibición que daban hacia la avenida Ponce de León, un amplio local para oficina en los altos y, dado que la estructura fue edificada en una pendiente, en su parte inferior quedó al nivelar un espacio para almacén de siete mil pies cuadrados, con entrada para camiones en la calle Matías Ledesma. El teatro en una época también se conoció como el “Lara”.

 

A partir de 1972, la compañía Teatro del 60 se estableció en el «Lara» y lo volvió a nombrar en honor a la insigne compositora puertorriqueña. Por esos tiempos el escenario del “Sylvia Rexach» fue testigo de un sinnúmero de representaciones dramáticas memorables como Gran Pinche, Puerto Rico Fuá y La verdadera historia de Pedro Navaja hasta que, con El Decamerón de Bocaccio, cerró sus puertas al público en octubre de 1986.

 

Actualmente el teatro sigue clausurado.

 

Referencia: www.puertadetierra.info

Con base en San Juan (PR), nibia desarrolla «eventos coreográficos» en lugares específicos para experimentar con tiempo, ficción y nociones de territorio partiendo de su formación en danza e improvisación.

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